lunes, 21 de febrero de 2011

Entrevista: Caloi


¿Quién es?
Caloi es antes que nada un humorista y promotor de la cultura porteña: utiliza sus personajes para retratar a un Buenos Aires entrañable romántico y tanguero. Amigo y contemporáneo de Quino, Crist y Fontanarossa, lleva más de 40 años publicando en el Clarín, además de ser pionero en la difusión de la animación con su programa Caloi en su tinta.
Página(s): CaloiCaloi en su tinta
Entrevistada realizada el 29/6/2009

La caricatura, el humor, tienen la particularidad que no necesitan una decodificación: son un lenguaje popular, fácilmente entendible.

¿Donde empezaste a trabajar?

Yo empecé a trabajar muy joven. Cuando tenía 17 años. Todavía estaba en el colegio secundario, y comencé a publicar en la revista Tía Vicenta. Era la revista de Landrú. En ese entonces salía como suplemento dominical del diario El Mundo, un diario muy popular. Ahí empecé, y hasta ahora, no he parado.

Muy pronto entre en el diario El Clarín, y ahí todavía no publicaba diariamente, comencé publicando lo que hoy es la página de suplemento dominical. Hace como 40 años que estoy en Clarín. Hacía viñetas sueltas… hacía una tira semanal que después se convirtió en la página que hoy está saliendo. Y, más o menos a los seis, siete años hacía otras secciones de caricatura política.
Me llamo el jefe de redacción y me dijo que querían reemplazar la página de historietas del diario, que estaba ocupado por tiras mayormente que compraban al extranjero (las Syndicates Norteamericanas), por trabajos de los humoristas argentinos. Entonces, no solamente me encargaron a mi una sección, sino que a mi me pidieron que convocara (como ellos no los conocían) a los dibujantes jóvenes del momento, para hacer lo que finalmente se convirtió en la contratapa del diario.

Así que bueno, yo llame a mis amigos: a Broccoli, que hizo El Mago Fafa; al Negro Fontanarrosa, al Negro Crist. Ellos decidieron hacer un cuadro diario. Más tarde Altuna y Trillo, que hicieron El Loco Chávez.

¿Y ahí emerge Clemente y Bartolo?

Yo empecé a pensar en la posibilidad de hacer un personaje fijo. Inicialmente Bartolo, y después se convirtió en Bartolo y Clemente, y después se transformo en Clemente y Bartolo, y finalmente en Clemente solo (risas). Ya tiene más de 36 años.

Yo lo que pensé era hacer un personaje de lo absurdo. Inicialmente pensé que Bartolo iba a ser ese personaje. Yo quería hacer algo muy suelto.

Tenía muy fresco el recuerdo de Quino, que había quedado un poco preso del mundo, del universo cerrado que había generado para Mafalda. Yo cálculo que esto pasó en todos los medios y a muchos personajes. La década de los 50s fue una década muy rica culturalmente, y la mitad de los 60s también, porque lo que dominaba mucho a los personajes psicológicamente era la situación local. Eran personajes te diría costumbristas. Todos muy buenos, pero de un costumbrismo porque en realidad, la Argentina era en ese momento un país muy importante en el concierto de naciones Americanas y en el mundo en general. El mundo venia de la guerra, todavía no estaban perfilados nuevos imperios, de manera que acá había un gran desarrollo, y lo importante era lo que nos pasaba a nosotros. Había un sentimiento popular y nacional muy fuerte. Entonces los personajes eran personajes de acá. Lo importante que les pasaba sucedía en la casa, en la cuadra de ellos, en la vereda de en frente, en el barrio, y no más allá.

Mafalda aparece en la década de los 60s, 60-y-tantos, acompañando un proceso que se dio en el mundo: empieza una globalización de los medios de comunicación. Su interlocutor, aparte de su barra de amiguitos, son la radio, el televisor, el globo terráqueo… hay una preocupación por temas mas mundiales, mas universales. Aquellos personajes costumbristas fueron un poco desplazados por estos nuevos, como Mafalda y lo que vino después, que ya tenían una visión más universalista. Menos local, a pesar de tener rasgos locales.

El ejemplo que me había dejado Quino era que no había que hacer personajes muy cerrados. Porque si bien el lograba dar una vuelta más de tuerca al asunto, porque los personajes no tenían una característica psicológica fija, como Fayutelli (Fayuto acá es el tipo falso), Avivato (un personaje que saca ventajas), personajes muy muy característicos de Buenos Aires, o que tenían una profesión fija, como era Taras Hervis, un personaje de Ferro, que era un hombre al que le llevaban las radios, los televisores del barrio para que los arregle, y fatalmente los destruía (risas).

Entonces, Quino logra una variedad más grande combinando distintas psicologías. Pero, queda un poco preso también de esa combinación de esas psicologías fijas. Mafalda es la contestataria típica, Manolito es el interesado en los negocios, Miguelito es el soñador, Susanita es la señora gorda (de pensamiento) hecha niña. Cada uno tenía su mundo cerrado. Mafalda no podía dejar de ser contestataria, era su característica. A los 10 años, a Quino lo mandaron a mirar los pajaritos, los arbolitos porque le agarro un surmenage bárbaro, había quedado preso de sus propias creaciones. Y claro, después abandona la tira.

Entonces, yo dije, voy a hacer un personaje que tenga mucho absurdo. Acá lo que me va a salvar del surmenage es el absurdo. Y creí que ese personaje era Bartolo, porque tenía un tranvía que andaba en una sola rueda, volaba, etc., etc. Pero, eso era una forma de esclavitud también, porque el personaje quedaba muy ligado a un Buenos Aires que se estaba extinguiendo, o se había extinguido de hecho. Andaba arriba de un tranvía, por más que estuviera en una sola rueda y volara, ¡era un tranvía! ¡Además era muy pesado tener que dibujar en cada cuadrito de la tira un tranvía! Muy detallado…

Así que favorecí el acenso de Clemente, y el tranvía y Bartolo se extinguieron definitivamente.

Un poco la idea del Clemente, era que tenía valores, para hacerlo reconocible al personaje a través del tiempo: los valores con los que yo me críe, los valores de mi infancia, y los valores populares Argentinos además. Podía sintetizarlos, los de Clemente, y esto no ha cambiado también…son la Política, el Futbol, y el Tango.

Esa misma cuestión nostálgica, para mí es un poco difícil también, pensar que yo vengo a Argentina buscando un poco una Argentina que quizás ya no existe…

(Risas) Hay que ir a Uruguay a buscarla.

En Clemente dice “El barrio es un recuerdo clandestino que no termina de aflorar… lo único que rescate de Buenos Aires perdido es el tranvía…” ¿No se si esas cosas ya no existían cuando vos eras chico?

Bueno, hay iconos folklóricos. El farol no existe más, pero el farol unido al tanguero es de icono permanente. Acá todavía se dice que Gardel canta cada día mejor. Hay una parte si, nostálgica, yo no quiero hacer sociología… pero me parece que tiene que ver con estas cosas que se manejaban más antes. Como dicen los mexicanos, que descienden de los Aztecas, y los peruanos de los Incas, ¡acá dicen que los argentinos descienden de los barcos! Es un crisol de razas donde encontrás a los italianos, los españoles, franceses, polacos, la America indígena… es una mezcla muy importante que tiene en el Tango su expresión más acabada. Con una nostalgia muy autentica, de esta gente que ha venido a hacerse el America, o a trabajar simplemente.

 Yo tengo tres generaciones atrás a suizos, españoles, italianos, franceses, y belgas. Y todos vinieron acá porque se cagaban de hambre en Europa. Y bueno, seguramente han de haber ahí unas gotas indígenas, vaya a saber por que lado. Un poco el paraguas que uno tiene encima, y debajo del cual está  parado. Yo creo que de esto se hace cargo el Tango como ninguno. Y bueno, ahora hay nuevas expresiones, también hay otras generaciones…

Tuve la suerte de encontrar el primer Clemente en Rosario, y 'también Mi Buenos Aires Querido, que son del ‘78 y el ‘77 me parece. ¿Clemente se volvió icónico en la Argentina, no?

Es un poco lo que pasa con muchos personajes de la historia del humor grafico en Argentina. Ha sido, sigue siendo importante, afortunadamente.

Yo tengo una idea en particular al respecto: tiene que ver con un lado con la tradición que hay acá de humor grafico, caricatura, y también de historieta, y que arranca con las primeras publicaciones que hubo en el Río de la Plata. Eran satíricas generalmente, revistas mucho más crueles que las caricaturas que se hacen ahora. Tenían policías que los perseguían y les rompían las piedras litográficas… aquellos del Mosquito, Don Quijote, Caras y Caretas. De manera que, toda esa corriente, las primeras publicaciones periodísticas, fueron satíricas. (En la época del virreinato, claro.)

Creo que todo eso no solo ha formado una tradición de satiristas, humoristas, caricaturistas y historietistas, sino que ha formado también un público, un gusto del consume de estas cosas.

La caricatura, el humor, tienen la particularidad que no necesitan una decodificación: son un lenguaje popular, fácilmente entendible. Nadie se plantea que esta resolución en líneas, de los personajes, pueda ser otra cosa que la caricatura de cierta realidad. La realidad no es así. ¡Tenemos cuerpo, volumen, color! Esto está resuelto en líneas. Los textos que están encerrados en un globo, que puntan con una colita a un personaje, es lo que esta diciendo el personaje, y si ese texto está encerrado en unas ondas un poquito más grandes, y hay unas bolitas que se le acercan al personaje, bueno, entonces está pensando, o está soñando.

En fin, hay una serie de cosas ya resueltas en la historieta, el humor grafico, que hacen de esto un lenguaje netamente popular.

Hay en la Argentina ejemplos muy concretos de esa popularidad. Algunas tienen que ver con la identificación que se hace, de amigos, de políticos, con personajes de la historieta. Hay clásicos acá como Patoruzu por ejemplo. Otros tienen que ver con la influencia que tienen en el habla popular. Hay una palabra acá, fantástica, para designar a los “Cholulos”. Los Cholulos son estos fanáticos de las estrellas de cine, de televisión. Es una palabra muy precisa, que tiene origen en la historieta. Cholulo viene de Cholula: Loca por los Astros, que era un personaje de Toño Gallo, un dibujante de la década de los 50s y los 60s. Es una de las deudas que tiene el habla popular con respecto a la historieta.        

Así hemos avanzado con la etapa que he crecido yo. En mi infancia la televisión era incipiente. No todo el mundo tenía televisor. Entonces, nosotros nos nutríamos con las historietas, y el humor grafico.

Estaban los dibujantes concentrados en dos revistas, principalmente. Una era Rico Tipo y la otra Patoruzu. Ahí estaban un Quino que recién empezaba, Lino Palacios, Ferro, Oski, Landrú, Divito, Calé, Battaglia, y todos los tipos con los que uno se ha formado.

Además, coincidía también con la época de Oro de la historieta en Argentina, porque había muchas publicaciones. Nosotros, más que ver series de televisión, leíamos las aventuras en la grafica. Había revistas como Hora Cero, Misterix, Rayo Rojo, etc., y estaban vivos Breccia, Breccia padre, Oesterheld (gran guionista y editor de historietas, desaparecido durante la ultima dictadura militar), estaba Pratt viviendo en Argentina. Habían grandes creaciones acá, como era El Eternauta, creada por Oesterheld y dibujada en ese entonces por Solano López, después la redibujó Alberto Breccia, Francisco Kid, Salinas, grandes, grandes dibujantes de la historieta. Esa es la escuela con la que uno se ha formado.

Poco tiempo después, cuando yo recién empezaba, se dio nada menos que el fenómeno de Mafalda, de Quino. De manera que esa fue la escuela que yo tuve, con toda la gente de mi generación. No era más que una generación que sucedía a otras, que a su vez sucedía a otras…

¿Habían antes muchas revistas como Hortensia, (ahí estaba el negro Crist), La Humor y la Sexo Humor...? ¿A qué atribuyes tú su desaparición?

Esas que nombraste son las que más duraron justamente. Pero, las revistas de humor, me parece que tienen un ciclo, y mueren. Esto es histórico.

Recordás acá por ejemplo, una antológica que se llamaba Cuatro Patas, de la década de los 60s, duro cinco números. Después, los antecedentes de la revista Humor, eran Mengano y Satiricón. No eran revistas de humor, eran revistas periodísticas con humor, aunque ya empezaban a transformarse. Tal vez por eso duraban más. Hortensia tuvo una particularidad importante, porque fue una revista que vino desde el interior, y llego a Buenos Aires. Buenos Aires es la cabeza de Goliat, y exporta su producto al interior. Está fue al revés: vino de Córdoba a Buenos Aires, con un producto muy cordobés. El humor cordobés tiene particularidades muy especiales, así que eso fue muy interesante.  Duro mucho, pero siempre la vida de las revistas es efímera, no sabría decirte porque.

No sé si se cansa el público, o se cansan los dibujantes, o que pasa. Ahora hay muy poquitas, zonales, barriales, no hay una revista de humor nacional. Tal vez porque los diarios y las revistas absorbieron a la gente. También hay que ver los momentos políticos… habría que estudiar algunas cosas para las cuales no estoy capacitado (risas).

Haces mucho uso de la metáfora dibujada, pero también con dibujos simples…

Siempre hablamos con Quino esto, una de las obsesiones de los dibujantes (bueno que nos pasaba a nosotros por lo menos) era lograr la síntesis. Tener un mono que sea dos puntos y una nariz y que el lector diga, “esta es una persona”. Creo que todo esto es herencia de un tipo, un monstruo, como Steinberg, que afortunadamente sintetizo el lenguaje del humor grafico, llevándolo a unos extremos increíbles, de la metafísica casi. Gracias a que existieron tipos así, uno puede hacer dos rayas, y que la gente diga, “esa es una persona”.

Yo había creado una especie de tipo que inclusive hasta no tenia vestimenta. Tenía un cuyito, y tenía como un enterito. No había descripción de la ropa que fuera necesario. Tenía un puño, y una botamanga y zapatos.  Esta búsqueda obsesiva de la síntesis me llevaba a esas cosas. Y bueno, a relatos que a lo mejor no eran lo típicos en el humor grafico. Uno siempre pretende hacer gracia, podía haber más que una gracia, a lo sumo, una sonrisa cómplice.

Yo he tenido dos caminos dentro de eso: uno eran estas páginas, donde daba pie a estas recurrencias personales: que tenían que ver a veces con la poesía, con la metafísica, con la filosofía, o con nada, con la observación cotidiana. Y, otra más popular, que es la de Clemente, con esta insistencia, esta prepotencia de aparecer todos los días, con un personaje que obligué a la gente a leerlo y seguirlo. Y, respecto a uno, también tiene cierta cosa tiránica. Es mucho más recordable un personaje que sale todos los días, que estas páginas que son como reflexiones largadas como hojas al viento.

Así que bueno, digamos que la actividad la he dividido en dos grandes terrenos. Clemente resultó un personaje muy popular, inclusive salto a la televisión, porque tuvo un protagonismo durante la dictadura militar como una voz un poco contestataria también, pero muy sutil, muy en los bordes permitidos (o que se podían).

Yo siempre digo que los dibujantes de humor somos internacionalmente una raza de conspiradores, con nuestras herramientas por supuesto. Me remito para eso a los ejemplos de la revista La Codorniz, en España, en la etapa franquista, a los dibujantes que trabajaban ahí. O a O Pasquín, de Brasil, durante la dictadura de Castelo Branco. Uno esta siempre pendiente, justamente cuando no se puede colar ningún comentario, de encontrar una rendija por donde filtrar alguna cosa. Vistas ahora, desde estas libertades de las que gozan los dibujantes ahora, son pueriles… pero en ese momento representaban mucho.

mí se me presenta claramente durante el mundial del ‘78 en Argentina, donde se libro una batalla entre Clemente y un comentador de Futbol muy importante. Porque ahí, la dictadura militar, daba una serie de consejos de cómo tratar a los turistas, para no empujarlos, trataban a todos como inadaptados… y este relator, que era muy conocido de radio, (acá era muy importante el relator radio de futbol, sigue siendo, pero no como antes)… entonces, el decía que además no había que tirar papelitos recortados, que era la costumbre de acá cuando sale un equipo para la cancha, para recibirlos. Decía que no había que tirar papelitos durante el mundial porque íbamos a dar la imagen de un país sucio. Entonces bueno, arremetí con eso porque no se podía  hablar de políticos, de militares, ni de curas, ni de nada. Estaba todo censurado, pero el futbol no. Fue una guerra simbólica además, porque se tiraron más papelitos que nunca. Así como en el mundial de México se recuerda la ola, acá se recuerdan los papelitos que tiraba la gente. Dejaban nevado el campo. Fue una guerra de lo popular contra el régimen.

Yo puse en Clemente mucho de esos valores populares. Inclusive en el año 2000 o 2002, acá había un hartazgo muy grande en la gente respecto a la clase política. Entonces, lo que hizo la gente fue imprimirse boletas con la imagen de Clemente, y ponerla en la urna. ¡Y gano en muchas mesas! ¡Gano la formula de Clemente! Yo no tenía nada que ver. La idea estaba apoyada en una tira que hice en donde Clemente decía que el era el candidato ideal porque nunca iba a meter las manos en la lata (robar), porque Clemente no tiene manos. Así que recogieron este slogan y lo ponían en el voto.

Siempre he tenido esta devolución, este reflejo a través de las cosas que planteo Clemente, en comentarios políticos, culturales y sociales. Algunas tienen que ver con otras cosas, como un ideal de mujer soñada, no una mujer real, que es la Mulattona, que es la compañera de Clemente, y que es como una colombiana que baila la cumbia permanentemente. Tiene muchas tetas, mucho culo, labios gruesos y que se yo. Me gusta mucho esta identificación, esta ida y vuelta en el manejo del lenguaje y los valores populares. Inclusive, en el habla de Clemente, el habla como se habla el español acá en Argentina. No dice “calle” ni “callie”,  sino que dice “caye”. Entonces yo lo escribo con la “Y”. Acá nadie dice “ciudad”, dicen “ciudá”, y así lo escribo. Ese tipo de cosas lo ha hecho un personaje querible para la gente. Al punto que me encuentro que dice que “yo con Clemente siento que me puedo encontrar a la vuelta de cualquier esquina en Buenos Aires…”

¡A mí no me pasa lo mismo porque tengo que dibujarlo todos los días y mandarlo al diario! ¡Y hasta tiene un monumento! Todas esas cosas son muy simpáticas, y también lo han hecho inexportable, porque es un personaje de consume netamente Argentino.

Tienes tiras que son bastante complicadas, casi canciones, ¿y además tienen un mensaje...?

Son intentos ahí… una de las cosas que me acusaba el Viejo Breccia, era de que yo era un poeta. Yo deliberadamente he llevado el humor grafico hasta donde yo podía.

Con la música también, he ilustrado algunos tangos, canciones de Serrat, y he ilustrado poesía. Porque hay poesía que me parece muy ilustrable, para que quede un producto (no para que uno se mate de risa), pero si que podían tener un relato dibujado, con los monos del humor. He hecho alguna poesía de Horacio Salas, que es un importante poeta de acá, hice “Desayuno” de Jack Prévert, Humberto Constantini, ¡en fin! ¡Agarraba poetas y los ilustraba! Macedonio Fernández, que era un novelista pero también un humorista, así que bueno. Además yo hacía mis propias cosas escritas. Pero, como mi autocrítica era tan feroz respecto a la literatura, las transformaba después a una página de humor. Me parece que todas esas cosas son tan validas como humor negro, o humor erótico, que se yo.


¿Cuándo empezó el color en los medios, empiezas a hacer una exploración más plástica...?

Meto de todo, pero sobre todo acuarela. Para mi fue una apertura muy grande, aunque un poco cansado. A mí me gusta por supuesto el blanco y negro, la pluma, pero estaba un poco cansado de una página semanal, más la tira, entonces me dijeron: ¡bueno ahora a color! ¡Y ahí se me abrió un universo! ¡Un universo amplísimo! No era que no hiciera cosas de color, pero eran muy contadas las oportunidades que tenia. La mayor parte de las publicaciones eran en blanco y negro. Entonces comencé con la responsabilidad de hacer todas las semanas una página, que es lo que me apasiona.

Empezó hace unos 12 años.

Así que para mí esta cosa de entregar una página semanal de humor es toda una responsabilidad, y me mete en planteos plásticos. Pienso, ahora ¿el humor como se resuelve con el color? Y es un horizonte mucho más amplio de lo que tenía antes.

Algunos de tus trabajos hacen una crítica muy fuerte a la pobreza extrema en Argentina y la desaparición de la clase media, como el que juega golf desde la cima de un basurero, etc. ¿Qué responsabilidad social tiene el humorista en concientizar a la gente?

Yo creo que la responsabilidad del humorista es hacer reír. (Risas). Contribuir a un momento de felicidad de la gente. Después hay humoristas en algunos lugares (acá también), muchos en México, o en Cuba, que se hacen cargo del mensaje político oficial que ellos creen.

En general yo le desconfío cuando usan el humor grafico y la historieta con otro fin que no sea el del humor grafico y la historieta. Cuando le tienen que agregar un mensaje ideológico a lo que hacen, cuando en realidad, cuando uno hace un ejercicio de humor gráfico o de historieta, está haciendo ideología, no necesita poner un mensaje agregado. Esto excede el terreno del humor gráfico: creo que la creación artística tiene el mensaje ideológico muy claro, no necesita decir “muera fulano” o “viva tal cosa.”

Décime, la risa, ¿qué efectos tiene?

¡No sé, una descarga muy grande! Creo que se puede hacer a través de la risa una reflexión profunda. Es el poder de síntesis que a mí me apasiona del humor gráfico, el poder de resolución que tiene, de plantear una solución, y además que sea simpática.

Hay una cosa que es que yo veo que hay una tendencia (en todos los medios) a hacer que los humoristas sean una especie de editorialistas de la realidad, esto obviamente aparece mucho en la Caricatura política especialmente, en desmedro de el humor de autor (que a mí me gusta tanto). Obedece a que la última gran revolución que hubo en el mundo—que es la de las comunicaciones—hace que uno se entere instantáneamente de lo que ocurre en un rincón muy remoto del planeta, en el momento que está ocurriendo, ¡lo que ha hecho es cargar de angustia a la gente! ¡Uno se entera del atentado, del terremoto, de la guerra, del accidente! ¡Estas son las noticias! Esto es nuestro mundo comunicado. El tipo de ahora híper comunicado, es el que conoce todas las desgracias que ocurren en el mundo, ¡al instante!

No es que sea una función que les hayan delegado a los caricaturistas y los humoristas, los humoristas descomprimen un poco, sin renunciar a la crudeza de la realidad, pueden hacer más digeribles esas mismas cosas, para que la gente las haga tolerable. Entonces esto lleva a la reflexión, la autocrítica, y sobre todo lleva a la sonrisa.

¿Qué es el “humor de autor”?

Me refiero con humor de autor, a esta sección que se le da al humorista, y se confía en el, en sus pensamientos y sus sentimientos, no a la necesidad que tiene el medio de decir que está pasando en la actualidad, quien es el político de turno, esas cosas. ¡Donde ese autor de humor puede hacer lo que quiera! Hacer un chiste sobre algo que pasa en la plaza ahí en frente, o puede tomar algo de la actualidad política, o algo que pasa en otro lugar, o algo que pasa en su cabeza, en sus sentimientos, en su almita, (risas). Esto es lo que digo que es humor de autor.

Creo que la tendencia en los medios, en los diarios es comprometer a los artistas, con comentarios respecto a la actualidad, porque estos medios (en general), la redacción esta conducida por periodistas. ¡Son gente que está muy condicionada por la actualidad, la noticia, la instantaneidad, la urgencia!

¿Hablando de noticias, a ti cómo te  afecto la última crisis en Argentina...?

¡Las crisis en lo que sirven, no sé si vos habrás observado, acá hay una cantidad de artistas y de talentos muy grandes, hay como una explosión! Y yo creo que las crisis obligan un poco a lo que es una de las partes más sensibles de la sociedad, los que son los artistas justamente, a pensar y a pensarse, a pensar su país, a pensar su papel y su rol en todo esto, las transformaciones del mundo y todas estas cosas.

¿Cambiando drásticamente de tema, hay una relación en tu trabajo del psicoanálisis con el humor? ¿Porque esa relación?

El Psicoanálisis y la psicología en general es muy rico como indagación en la personalidad, y porque tiene mucha importancia en Argentina. Debe ser el país con más psicólogos y psicoanalistas por cantidad de habitantes, el más densamente poblado. Hay hasta un barrio acá donde están muchos de los consultorios, en la zona norte, que le llaman “Villa Freud.” Ha habido muchos psicoanalistas muy importantes, ha crecido misteriosamente, como el cine de Bergman en Uruguay, ¿viste? (risas). Acá el psicoanaliza prendió, es una planta que ha brotado con muchas ramificaciones.

Desde el punto de vista gráfico, es muy interesante la tensión que se produce cuando uno representa una sesión de psicoanálisis, más allá de los contenidos. El hecho de ver un tipo acostado en un diván, y otro sentado atrás, y todo el vacío que se puede producir allá arriba, yo lo comprar con la tensión y la situación límite que produce el naufrago en la isla, que es un clásico del humor gráfico. No hay un humorista gráfico que se aprecie como tal, tiene que tener por lo menos tres o cuatro chistes de naufrago, sino, no es un humorista. ¿Por qué? Porque es una situación límite, una situación que ya implica una tensión que te obliga a desarrollar algo. Lo mismo pasa (o por lo menos me paso a mi) con un tipo sentado, y otro recostado, hay una tensión ahí que genera necesariamente alguna idea para desarrollar.

¿Como te interesaste por la animación? ¿Como surgió Caloi en Su Tinta?

Eso nació en el año ‘79, estaba con uno de mis grandes apmigos, el Negro Fontanarrosa, estábamos en Luca, Italia. Se hacia un encuentro muy grande de historietistas y humoristas, y habíamos ido allá varios argentinos. Estábamos en el 6º, 7º día, ya cansados de ver dibujos, tomando un café en la plaza del centro ahí de Luca, que es una ciudad muy chiquita, muy simpática, y le digo al Negro, che, vamos a cruzarnos ahí al teatro—ese año se daba por primera vez la incorporación del cine de animación con carácter competitivo en el festival—vamos a ver qué es eso. Me acuerdo que me quede muy impactado con las imágenes que vi entrando al cine, que eran los dibujos de una inglesa, que se llamaba Allison de Vere, quede muy impactado con esas cosas, y también los otros dibujos que vi, porque acá no había mucha información. A través de los cine clubes se conocía la experiencia de Norman McLaren, desde el National Film Board de Canadá, y pocas cosas más. Entonces le dije al Negro, che, que lindo seria llevar este tipo de cosas allá.

Yo encontraba que si había un público tan sensible, tan receptivo de las cosas que hacíamos los humoristas gráficos, este tipo de material iba caer muy bien acá, porque si bien no era lo mismo, era primo-hermano de las cosas que hacíamos los humoristas gráficos.

Me quede con la idea durante muchos años, y lo pude concretar 10-11 años después, cuando conocí a mi actual mujer… y bueno, dijimos, vamos a hacer el proyecto de Caloi en Su Tinta, mostrar la animación de autor, es decir: la animación que no tiene que ver con las mega productoras (como son Walt Disney, Hanna Barbera, y todas esas), sino las que hacen los dibujantes, los directores, para , y están fuera de la gran distribución internacional. Un poco el paralelo al humor de autor, no lo que te piden la editoriales, no lo que te piden las mega productoras sino esta cosa donde los autores muestran sus pensamientos, sus sentimientos, sus estilos, sin atarse a las necesidades del mercado.

Así que bueno, hicimos un humilde rincón en la televisión, en el canal oficial, ¡y el programa broto! prendió, la gente empezó a seguirlo, fue un mundo desconocido que se descubría para ellos, y hasta te diría que fue un programa original en la televisión del mundo.

Lo que hacen muchos es que largan las películas una detrás de la otra. Yo entendía que teníamos que defenderlas a las películas— ¡Cuanto más información tiene respecto a una obra, mejor la disfruta! Entonces hicimos un programa de carácter cultural. Lo catalogamos así para que no nos pusieran en competencia por el Rating, y también, porque cuando uno dice televisión “cultural” uno empieza a bostezar, y no, esto justamente va a ser lo contrario del aburrimiento, ¡es pura acción la animación!

Lo que pensamos era hacer esta selección de películas con una introducción, explicando los detalles. Relacionando por ejemplo las estéticas que utilizan algunos de los animadores, con las estéticas de algunos pintores, o la temática de algunas películas con otras películas, haciendo una pequeña introducción para lo que nosotros creíamos podría ser un mejor aprovechamiento de eso. Al punto de que inclusive, en muchas escuelas, los profesores de plástica, en vez de poner a los chicos a copiar para que odien para siempre el dibujo, les ponen el disco, para que los chicos vean justamente lo que es la plástica o los dibujos en movimiento. Este programa tiene ya 20 años, y con el hemos ganado muchos premios y reconocimientos de todo tipo.

¿Cómo definieron la búsqueda (pre-Internet además), de ese tipo de animación?

¡Era un lío bárbaro! Antes, lo mejor que habían eran estas cosas, los VHS. Pero antes todavía, habían las latas. Había que andar con esas latas y hacer el pasaje a la TV. Íbamos mucho por las embajadas. Los países justamente antes de la caída del muro, del este, tenían como propaganda de su actividad cultural muchas películas. Nos prestaban. Era bien complicado en los comienzos. Después por suerte evoluciono mucho todo el sistema, ahora te mandan por la Internet nomás. Además que de la Argentina no nos daban bolilla, no nos tenían en cuenta, porque no éramos un mercado interesante para eso. Así que a fuerza de testarudo nomás, nos impusimos, y al punto de que hemos doblado eso. Mandábamos (en esa época no eran mails) un fax o una comunicación cablegráfica, y ni nos contestaban… a la 3ª o 4ª, recién nos contestaban. Logramos torcer eso hasta el punto que algunos nos mandan sus películas para que las estrenemos en el programa.

Acá tenemos un mexicano, René Castillo que hizo esta película sobre la muerte—ese tema tan mexicano… y presentamos la obra de algunos muralistas mexicanos, contamos que era La Catrina, La Llorona, y mostramos a las pinturas de Rivera, los grabados de Guadalupe Posada, y después presentamos la película: ese es el estilo del programa. Todas esas cosas la gente las agradece mucho.

¿Actualmente estas trabajando en un largometraje?

Es una idea de María [esposa], un poco la coronación de estos 20 años de trabajo. Empezamos a hacer nuestra película ahora. La idea es hacer cuatro cortos con una temática común, que es: Buenos Aires, sus personajes y el tango. Pero tomar cuatro equipos distintos, con cuatro historias independientes.

Uno es de Carlos Nine, que esta trabajando con sus dos hijos, y algunos otros dibujantes; la otra historia es de los hermanos Fayvre, Pablo y Florencio, que son muy buenos animadores, que trabajan con la técnica del collage; el tercer equipo es de Pablo Rodríguez Jáuregui, que trabaja en Rosario y que a su vez convoca otros dibujantes: Maus, Max Cachimba, Silvio Nardón; y el otro es mío y de Maria, que esta trabajando acá abajo. Teníamos un playroom donde jugábamos al ping-pong, y hacíamos clases de gimnasia, proyecciones de cine—ahora es un estudio de animación.

La historia mía son una serie de historias enhebradas de Mí Buenos Aires Querido. De una versión más moderna, más ampliada.

Toda la película se va a llamar Anima Buenos Aires. Va a tener aproximadamente 75-80minutos.

La inspiración, más que en la animación esta inspirado en Historias de Nueva York. Hay una de Woody Allen, otra de Scorsese, son tres historias. Hay una también que se llama Paris Je T’aime.

Acá el asunto es un poco una posibilidad con un lenguaje común, que es la animación. Después con una temática común que es Buenos Aires; y, con un sentimiento común que es un sentimiento Tanguero. Como una respuesta cultural también, ante lo que es el avasallamiento de la globalización. Pone culturas diferentes, manifestaciones distintas, cuando acá hay una cuestión que se expresa a través de la música nuestra que es el Tango, muy fuerte, muy importante, y que es conocida internacionalmente como una danza. Pero un poco la pretensión que tenemos es mostrar este conjunto donde se puede ver que el Tango no es solamente una danza, sino que además es una idiosincrasia, es una manera de ser.

Acá el Tango esta fuerte, hay nuevas voces, nuevos músicos; hay una renovación permanente. Después están las cumbres del Tango, lo más internacionalmente conocido será Piazolla, pero está lleno de bandoneonistas, músicos, autores, cantores muy jóvenes, mujeres, volcadas al Tango. Yo creo que es una necesidad de identificación, de conectarse con la propia historia, de resistencia de alguna manera.
Esta película cuenta un poco eso: cierta resistencia a toda esta cosa que viene de afuera; no porque haya que resistirse solo ideológicamente, sino porque hay formas que muestran como somos nosotros. Seguramente hay cantantes de rock acá muy buenos, y que se yo, pero difícilmente puede uno identificar un argentino con eso, las raíces están en otro lado.

"Desnudo"
¿Cómo es tener un hijo que hace algo similar a lo que tú haces, como lo ha hecho Tute, incursionando en el humor?

Siempre dibujó. Cuando jugaba de chico, él creía que “ir a trabajar” era hacer una tira, hacer un dibujo, así que se formo de una manera naturalmente; la mama era pintora, mis amigos eran Fontanarrosa, Crist, Broccoli, todos dibujantes. Así creció, y así se desarrollo, casi sin darse cuenta. Al principio teníamos una gran influencia mía, natural, pero se sacudió, logro matar al padre, y después, creció en otras áreas: tiene dos o tres libros de poesía publicada, dos películas dirigidas, ¡ahora está escribiendo tangos! Es un tipo realmente talentoso. A mí me admira siempre, lo veo crecer… antes decía la gente “Tute es el hijo de Caloi”, ahora “yo soy el padre de Tute.”

¿Existe una escuela de dibujo Argentina?

Hay una escuela argentina respecto a la continuidad, pero yo no veo una escuela argentina como por ejemplo son los dibujos ingleses, donde uno puede decir “este es ingles.” No veo que eso en Argentina. Yo creo que la escuela se da por la continuidad, siempre hay muchos dibujantes, siempre se hereda. Todos los países nuestros, los del tercer mundo, tienen una lucha permanente por su identidad, son fácilmente arrasados por culturas más fuertes económicamente, y creo que el caso más claro es el cine, o la televisión misma. Toda esta lucha por la identidad es también novedosa, mirada desde tiempos históricos. La Argentina está a punto de cumplir 200 años, ¡nada! Comparado a todos estos países tan antiguos… pero estamos dentro de esa lucha. Creo que un gran triunfo que dentro de la mesa internacional de la cultura, podamos levantar la mano y decir: acá estamos nosotros.  

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